Biodiversidad · 19 de septiembre de 2026 · Español

¿Cómo sabemos qué especies no necesitamos?

Cuanto más uniformamos los paisajes para unas pocas funciones humanas, más fácil parece considerar prescindibles algunas especies. Pero ¿conocemos realmente sus posibilidades?

Espacio biológico de posibilidades entre el uso uniformado del territorio y la biodiversidad

Diseñamos los paisajes cada vez más según nuestras necesidades. Lo que no cumple una finalidad reconocible puede parecer rápidamente prescindible. Pero ahí se esconde un error: juzgamos las especies por funciones que ya conocemos, aunque todavía desconocemos gran parte de sus capacidades y relaciones.

Imaginemos un paisaje organizado de forma consecuente para fines humanos: los campos producen lo que comemos o comercializamos, los bosques suministran madera y los ríos se regulan para disponer de agua y controlar inundaciones. Cuanto más optimizamos ese paisaje, más plausible parece una pregunta provocadora: ¿para qué necesitamos todavía tantas especies?

Para cultivar maíz no hacen falta todas las especies

Si observamos una sola función, no todas las especies son imprescindibles. La investigación sobre biodiversidad muestra también que algunas funciones ecosistémicas pueden presentar relaciones de saturación con la riqueza de especies; cuando se consideran varias funciones pueden ser necesarias más especies, porque distintas especies contribuyen a funciones diferentes.[1]

El paso oculto es que, antes de decidir qué especies “necesitamos”, ya hemos decidido para qué las necesitamos. El uso define la función, y la función define después qué nos parece útil o superfluo.

Una bacteria y una botella de plástico

En 2016 se identificó la bacteria Ideonella sakaiensis, capaz de degradar PET y asimilar sus productos de degradación bajo las condiciones de laboratorio estudiadas.[2] El estudio no demuestra si esta capacidad surgió como adaptación al PET. La bacteria no resuelve el problema mundial del plástico. Lo relevante aquí es otra cosa: un organismo posee capacidades bioquímicas capaces de actuar sobre un material creado por los seres humanos. El ejemplo ilustra lo difícil que es prever qué capacidades de un organismo pueden llegar a ser significativas para nosotros algún día.

Vida bajo radiación

El hongo melanizado Cladosporium sphaerospermum fue observado en zonas contaminadas radiactivamente de Chernóbil. Estudios de laboratorio mostraron que la radiación ionizante modifica propiedades electrónicas de la melanina y que, bajo las condiciones estudiadas, hongos melanizados irradiados mostraron un crecimiento aumentado.[3] Que estos hongos conviertan realmente la radiación ionizante en energía metabólicamente utilizable siguió siendo una hipótesis de los autores. Decir simplemente que “se alimentan de radiactividad” va más allá de los resultados establecidos.

El PET y las observaciones relacionadas con Chernóbil no demuestran que la naturaleza tenga preparada una solución para cada problema humano. Ilustran algo más fundamental: no sabemos por completo de qué es capaz la vida.

¿Cuándo es redundante una especie?

Varias especies pueden ser similares respecto de una función concreta. Eisenhauer y sus colegas proponen hablar con mayor precisión de “similitud funcional”, vinculándola explícitamente a la función, las condiciones ambientales y el contexto.[4] Fischer y de Bello sostienen, en cambio, que la redundancia funcional conserva un valor ecológico propio como concepto.[5] Especies similares pueden cumplir una función comparable en las condiciones actuales y, aun así, responder de manera diferente cuando cambian las condiciones.

Además, los ecosistemas no cumplen una sola función. La relación medida entre biodiversidad y multifuncionalidad depende de la identidad y del número de funciones consideradas.[6] También depende del método de análisis empleado.[7]

Por tanto, “no necesitamos esta especie” significa inicialmente solo: no la necesitamos para una función conocida concreta y bajo unas condiciones conocidas concretas.

El espacio biológico de posibilidades

En el marco de las Contribuciones de la Naturaleza a las Personas de IPBES, maintenance of options (NCP 18) describe la capacidad de ecosistemas, hábitats, especies o genotipos para mantener abiertas opciones para una buena calidad de vida.[8] Este artículo denomina “espacio biológico de posibilidades” al conjunto de esas opciones: una condensación periodística, no un término científico establecido.

Esto no significa que cada especie tenga que resultar algún día útil para los seres humanos. Lo decisivo es el límite de nuestro conocimiento. Ni siquiera conocemos con exactitud cuántas especies existen en la Tierra. Mora y sus colegas estimaron en 2011 unos 8,7 millones de especies eucariotas (± 1,3 millones, error estándar) y subrayaron al mismo tiempo las incertidumbres de la estimación indirecta.[9]

Cuando desaparece una especie no perdemos necesariamente una función indispensable ya conocida. Pero pueden desaparecer posibilidades y relaciones biológicas antes incluso de que sepamos que existen.

De este límite de nuestro conocimiento no se desprende que todas las especies deban recibir el mismo peso en cualquier circunstancia ni que la conservación pueda prescindir de prioridades. Siguen siendo necesarias decisiones sobre protección, uso y conflictos entre objetivos. Lo que no deberían hacer es basarse en la suposición más amplia de que la ausencia de una función hoy reconocible convierte a una especie en prescindible.

Con ello aún no se dice nada sobre un posible valor intrínseco de las especies. Este artículo examina deliberadamente solo la cuestión instrumental más limitada de si nuestro conocimiento actual permite deducir que una especie es prescindible.

El punto ciego del paisaje uniformado

Cuanto más se convierte un paisaje en una superficie uniforme de uso, más determina nuestro propósito qué funciones vemos como relevantes. “No necesario para nuestro uso actual” puede transformarse casi imperceptiblemente en “no necesario”. Lo segundo no se deduce de lo primero.

Quizá estamos uniformando la Tierra más deprisa de lo que aprendemos a conocer sus posibilidades biológicas.

Entonces, ¿necesitamos todas las especies?

La ciencia no ofrece una respuesta sencilla. Sería demasiado fácil afirmar que cada especie es indispensable para toda función imaginable. Pero la afirmación contraria es, como mínimo, igual de problemática.

Tal vez la pregunta decisiva sobre la biodiversidad no sea: ¿cuántas especies necesitamos?

Sino: ¿cómo sabemos qué especies no necesitamos?

Mientras no podamos responder a esa pregunta, afirmar que una especie es prescindible va más allá de nuestro conocimiento.


Fuentes y notas

  1. Hector, A.; Bagchi, R. (2007): Biodiversity and ecosystem multifunctionality. Nature 448, 188–190.
  2. Yoshida, S. et al. (2016): A bacterium that degrades and assimilates poly(ethylene terephthalate). Science 351, 1196–1199.
  3. Dadachova, E. et al. (2007): Ionizing Radiation Changes the Electronic Properties of Melanin and Enhances the Growth of Melanized Fungi. PLOS ONE 2(5): e457.
  4. Eisenhauer, N. et al. (2023): Reconsidering functional redundancy in biodiversity research. npj Biodiversity 2, 9.
  5. Fischer, F. M.; de Bello, F. (2023): On the uniqueness of functional redundancy. npj Biodiversity 2, 23.
  6. Meyer, S. T. et al. (2018): Biodiversity–multifunctionality relationships depend on identity and number of measured functions. Nature Ecology & Evolution.
  7. Gamfeldt, L.; Roger, F. (2017): Revisiting the biodiversity–ecosystem multifunctionality relationship. Nature Ecology & Evolution.
  8. Faith, D. P. (2021): Valuation and Appreciation of Biodiversity: The “Maintenance of Options” Provided by the Variety of Life. Frontiers in Ecology and Evolution 9:635670.
  9. Mora, C. et al. (2011): How Many Species Are There on Earth and in the Ocean? PLOS Biology 9(8): e1001127.

Este artículo, incluida la imagen generada por IA que lo acompaña, se publica bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0. La estructura y partes de la formulación se desarrollaron con ayuda de IA (GPT, OpenAI). Responsabilidad editorial: Hans Leo Bader.